
Ermita de San Miguel de Espinalvar: Corazón de la Sierra de Espinalbar
Descubre esta ermita medieval en Valderrobres, centro de una antigua romería y parte de un conjunto rural único. Un lugar con historia, resiliencia y vistas espectaculares del Matarraña.
Un conjunto histórico en la Sierra de Espinalbar
La Ermita de San Miguel de Espinalvar se asienta majestuosamente en la Sierra de Espinalbar, un nombre derivado del espino albar, un arbusto silvestre que, al florecer en mayo, teñía de blanco y verde los caminos que conducían a este emblemático lugar. Esta sierra no solo da nombre a la ermita, sino que también fue el corazón de una arraigada tradición.
La Romería del Espino Albar: Una Tradición Perdida y Recuperada
Antiguamente, la floración del espino albar era motivo de gran celebración para los habitantes de Valderrobres, quienes emprendían una romería hasta esta ermita. Los pastores de la zona, conocedores de la riqueza natural, confeccionaban y vendían ramos de estas flores a los peregrinos, añadiendo un toque pintoresco a la festividad. Esta emotiva tradición perduró hasta el siglo XIX, y tras la devastadora Guerra Civil, fue retomada con renovado fervor. Sin embargo, un desafortunado evento en la década de 1960, una tormenta de granizo, desanimó a los organizadores, llevando a la suspensión definitiva de la romería a lo largo del extenso y desafiante camino desde el pueblo hasta la ermita.
El Complejo de Espinalbar: Más Allá de la Ermita
El conjunto de Espinalbar es mucho más que solo la ermita; es un microecosistema de la vida rural tradicional del Matarraña. Incluye las históricas Masía de Dentro y Masía de Fuera, junto con sus corrales, eras y un pajar. Este entramado de edificaciones complementa la vida religiosa con la laboriosidad del campo. Además, en el sendero que serpentea desde Valderrobres, los caminantes pueden encontrar una fuente con un pozo, vestigio de un antiguo abrevadero tallado en un tronco, vital para pastores y ganado.
Historia y Resiliencia de la Ermita de San Miguel
La construcción de la Ermita de San Miguel se remonta a la época medieval, con documentos que ya en el siglo XIV atestiguan su existencia y su propósito de rendir culto a San Miguel Arcángel. A lo largo de su dilatada historia, la ermita ha sido testigo de numerosos avatares en su conservación.
Desafíos y Reconstrucciones a lo largo de los siglos
La posterior suspensión de la romería, una de sus principales razones de ser, la condenó a un progresivo abandono y olvido, culminando en 1988 con el derrumbe de su techo. Este evento marcó un punto bajo en la historia del edificio, aunque no en su espíritu.
Ubicación Estratégica con Vistas Panorámicas
A pesar de sus vicisitudes, la ubicación de este conjunto es inigualable. Estratégicamente situada en la loma que divide los fértiles valles de Pena y el Racó d’en Patorrat, la ermita se eleva a una altitud de 1158 metros. Desde este privilegiado mirador natural, se despliegan unas vistas impresionantes de la región del Matarraña, ofreciendo un lienzo paisajístico que justifica por sí mismo la visita.
Historia
Ya en el siglo XVI, los registros eclesiásticos daban cuenta de la necesidad de reparaciones, instruyendo a los jurados de la iglesia para que velaran por su mantenimiento.
El siglo XVII marcó un punto crítico cuando un devastador incendio la redujo a cenizas, requiriendo una completa reconstrucción desde sus cimientos.
Tras esta reconstrucción, la ermita recuperó su esplendor, pero su estabilidad fue de nuevo quebrada durante la Guerra Civil, cuando fue saqueada, perdiendo gran parte de su imaginería e…
Tras esta reconstrucción, la ermita recuperó su esplendor, pero su estabilidad fue de nuevo quebrada durante la Guerra Civil, cuando fue saqueada, perdiendo gran parte de su imaginería e iconografía, que nunca se recuperaría por completo.
Cómo llegar
Podemos considerar como inicio el puente sobre el río Pena (o «riu Sec», según la toponimia local), una de las colas del embalse de Pena; llegaremos ahí en vehículo, desde Beceite o Valderrobres, más información del pantano hacer clic aquí. Debemos tomar el camino que recorre el embalse por el lado contrario al de la presa; antes de cruzar el túnel en la roca, dejamos las señales de GR y nos desviamos a la izquierda, siguiendo la baliza del PR. Tomamos una pista que irá cruzando en diversas ocasiones el cauce del río Pena, a menudo seco.
A unos 4 km del mencionado puente, la señal de PR nos adentra en un barranco; es la confluencia de los ríos Pena y Racó de Patorrat (los cauces suelen estar secos en superficie). El sendero sube inmediatamente, a la derecha del barranco, por dentro del bosque. Pronto accederemos a una zona empedrada. La subida es constante y fuerte. A derecha e izquierda, las vistas panorámicas y las fragancias del bosque son un regalo para los sentidos. Tras media hora de sendero empezamos a ver bancales y otras señales de las antiguas labores agrícolas de la zona.
Cerca del punto de llegada, salimos a una pista forestal. La cruzamos para seguir por el tramo de senda que, en una última ascensión, nos lleva a la ermita y mases de San Miguel de Espinalva. En este punto se reunían antaño las familias que poblaban todos los mases del entorno, tanto para celebrar festividades religiosas como para intercambiar productos e, incluso, para concertar matrimonios. El descenso lo haremos por la senda que, desde la pista, baja por nuestra izquierda; por esta zona pasaremos por rincones de agreste belleza, como el entorno del Mas Roig o el Molino de Barrancos.

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