El santuario de Nuestra Señora de Montserrate, en el corazón del Matarraña, es un lugar de profunda significación histórica y espiritual. Originalmente concebido para acoger a comunidades contemplativas y ofrecer hospitalidad a peregrinos, este conjunto arquitectónico es un testimonio vivo del pasado. Se compone de varios edificios que se articulan en torno a un patio irregular al aire libre: la ermita, la casa del ermitaño y la hospedería, cada uno contando una parte de la evolución del santuario a lo largo de los siglos.
La ermita de Montserrate, también conocida como Santa Mónica, presenta una nave rectangular dividida en tres tramos, complementada por dos capillas laterales. Aunque su origen es gótico, ha experimentado significativas modificaciones a lo largo del tiempo que le han otorgado una fisionomía híbrida.
Durante los siglos XVIII y XIX, la cabecera de la ermita fue profundamente reformada, dotándola de una cúpula sobre tambor y pechinas, un claro ejemplo de la influencia barroca. En este periodo también se abrió una nueva portada de acceso, embellecida con un estilo barroco que contrasta con las estructuras más antiguas.