
Historia del Matarraña
Tierra de frontera y nexo entre el Mediterráneo y el interior, marcada por civilizaciones milenarias.
Historia del Matarraña
El Matarraña se sitúa en un valle interior cerrado por montañas, con el Mediterráneo lo bastante cerca como para suavizar el clima, pero lo bastante lejos como para no ser un territorio costero. De ahí su carácter de bisagra, que siempre lo ha convertido en una tierra de paso de pueblos, ejércitos y mercancías y en una frontera muy disputada durante los momentos clave de la historia, donde cada época ha dejado un rastro visible.
Los primeros habitantes
La huella más antigua de ocupación humana de la zona son las pinturas rupestres en abrigos de roca que dibujan figuras esquemáticas de los primeros agricultores y ganaderos. Las pinturas se encuentran en la Fenellasa, en Beceite, o en el barranco del Calapatá, entre Cretas y Calaceite.
Sin embargo, fue el mundo íbero el que dejó una huella más organizada y reconocible. Sus poblados estaban situados en altos y de ellos todavía se conservan túmulos funerarios, murallas, balsas y caminos que señalan que había una sociedad estable, con necesidades defensivas y comerciales. El cerro de San Antonio, en Calaceite, es el gran referente de la zona, ya que permite imaginar la cotidianidad de la época anterior a los pueblos medievales que se conservan hoy.
La romanización no trajo grandes ciudades al Matarraña, sino una integración discreta. Los viejos enclaves se transformaron, algunos se abandonaron y la población tendió a concentrarse en núcleos mayores fuera de la comarca. La etapa visigoda dejó todavía menos rastros. Aun así, algunas tumbas excavadas en la roca recuerdan que, aunque hoy resulte difícil de seguir, la vida no se detuvo.
El sustrato islámico y la raíz medieval de los pueblos
La llegada musulmana, a comienzos del siglo VIII, dejó una huella menos monumental pero más cotidiana, visible en los nombres de algunos pueblos, como Calaceite, Beceite, Mazaleón o Ráfales, y en formas de ocupar el agua y de trabajar la agricultura ligadas a vegas, barrancos, acequias y azudes.
El gran cambio para la comarca llegó con la conquista y repoblación cristiana, entre los siglos XII y XIII. Es la etapa clave para entender los términos municipales, los señoríos y muchos de los pueblos actuales. La primera estrategia, apoyada en Alcañiz, no bastó para ocupar y organizar un territorio tan amplio. Pero más tarde entraron en juego actores con más capacidad militar y administrativa, como el obispado de Zaragoza, el obispado de Tortosa, la Orden de Calatrava y los distintos linajes señoriales.
Crisis, esplendor y heridas visibles
A partir del siglo XIV, el Matarraña dejó de ser una frontera inestable, pero no por eso vivió en calma. Hubo crecimiento, ferias, mercados y nuevos cultivos, pero también llegaron la peste negra, la caída demográfica y el abandono de tierras. Algunas iglesias góticas, ermitas y obras públicas icónicas de la zona nacieron precisamente en ese momento de fuerza y fragilidad.
Durante los siglos XV y XVI los concejos ganaron peso y las casas consistoriales, las lonjas y las plazas empezaron a ganar protagonismo, con una vida pública más fuerte y menos dependiente del castillo o del señor. En La Fresneda, Cretas, Calaceite, Peñarroya o Valderrobres, el patrimonio es la expresión de una sociedad que comercializaba, recaudaba, pleiteaba y se reconocía como comunidad.
Después llegaron siglos más duros. La guerra dels Segadors, la guerra de Sucesión, la guerra de la Independencia y las guerras carlistas dejaron incendios, saqueos y destrucción. Algunos castillos desaparecieron o quedaron mutilados, algunas iglesias se reconstruyeron y algunos pueblos arrastraron durante décadas las consecuencias de una guerra que no siempre habían elegido.
Finalmente, el siglo XX supuso la modernización lenta de la zona, con la llegada del ferrocarril de la Val de Zafán, carreteras, electricidad y cooperativas, pero también conflictividad social, Guerra Civil, posguerra y emigración. A finales de siglo empezó a surgir una conciencia comarcal más visible, con la recuperación del castillo de Valderrobres en 1983, la creación de la mancomunidad y las luchas por el río Matarraña en los años 90, un proceso que culminó con la creación de la Comarca como unidad administrativa el 21 de mayo de 2002.
Patrimonio Mundial
El arte rupestre del Matarraña es uno de los tesoros más antiguos de la península, reconocido por la UNESCO como un testimonio excepcional de la prehistoria europea.
El esplendor íbero
Entre los siglos VII y VI a.C., el Matarraña vivió uno de sus momentos de mayor apogeo con la cultura ibérica. Destacan asentamientos estratégicos como:
San Antonio de Calaceite
El poblado con el papel más predominante de la zona.
Els Castellans
Situado entre Cretas y Calaceite.
Tossal Redó y Piuró del Barranc Fondo
Importantes yacimientos en Calaceite y Mazaleón respectivamente.
Estos núcleos fueron habitados hasta la llegada de los romanos en el año 218 a.C..
Reconquista y Edad Media
La configuración actual del territorio nace en el siglo XII. Bajo el reinado de Alfonso II, en 1179, el territorio se dividió entre la Orden Militar de Calatrava y el Arzobispado de Zaragoza. Este último controló la Peña de Aznar Lagaya, impulsando la construcción del Castillo e Iglesia de Valderrobres.
De la Edad Moderna a la actualidad
Durante el Renacimiento, el poder municipal creció, dejando un legado de majestuosas casas consistoriales. Fue una época de especialización en la producción de aceite, con molinos que trabajaban casi todo el año.
El territorio también sufrió los rigores de la guerra a lo largo de los siglos, dejando huella en pueblos y castillos.

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